Plagas en América Latina y el Caribe

La Langosta es una de las plagas que más dolores de cabeza han traído a productores, gobiernos y organismos de todo el mundo por su nivel de peligrosidad, afectando a más del 65% de los países más pobres. Bolivia han vivido este año episodios de infestación sin precedentes, derivados de los que Argentina lleva viviendo desde hace décadas. El caso boliviano ha supuesto una pérdida de 100 mil hectáreas de cultivos de maíz, sorgo, soya, frijol, yuca, papaya, plátano y cítricos; y pese a haber controlado la propagación, el país está abocado a convivir con el problema de ahora en adelante. El ministro boliviano de Desarrollo Rural y Tierras (DRyT), César Cocarrico, afirmaba en febrero que las langostas han llegado para quedarse. “En Argentina las plagas están presente desde 1920, más de 90 años prácticamente. La plaga no se extermina, y por tanto vamos a tener que aprender a convivir con la plaga”, sentenciaba. La creación de un “Programa Nacional de Prevención y Control de Langostas” está en camino, y el diálogo se ha puesto en marcha entre productores y la administración. La FAO desplazó a algunos de sus expertos al país andino en marzo para compartir experiencias y trabajar junto a los técnicos nacionales en esta cuestión.

La organización centra muchos de sus esfuerzos en combatir enfermedades y plagas. El avance del hongo Fusarium o “mal de Panamá”, afectando la producción bananera a escala global, es otro buen ejemplo de amenaza para la supervivencia de millones de productores y trabajadores de la industria bananera a escala global. Pese a que todas las regiones productoras lo sufren, la variedad tropical presente en países en Asia y Australia ha hecho saltar las alarmas. La gravedad de la situación ha propiciado la creación de un grupo de trabajo con productores, investigadores y responsables políticos debatiendo soluciones a corto y largo plazo.

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